sábado, 11 de mayo de 2013

El teatro chiquito


El teatro Chiquito , pequeña reseña de Edipo Rey.

Y ahora la pregunta de rigor: ¿cómo escribir hoy? ¿Poética, humorística , descriptiva, ácida, ecléctica o entrópica? Todos menos narradora, porque ustedes ya saben como termina la historia.

Este es el fruto de los sentimientos del teatro y la inspiración que siempre me ha ofrecido el Coonatra.



Yo sé que me extrañaba. Que esas piedras minúsculas y ese piso rojo desteñido ansiaban mis pisadas. Desde el año pasado no pasaba por la estrecha puerta de ese lugar. En aquella oportunidad iba con el propósito de ver “El principito, el musical” , obra de la cuál tengo los más gratos recuerdos.Por eso con gran alegría, la noche de un cálido viernes fuí al teatro chiquito. Aunque la obra a la que iba a asistir era Edipo Rey, muchas cosas me recordaban la ocasión en la que conocí al niño de rizos rubios y mirada inocente. La gente dispersa en el pequeño patio atestado de carteles, imágenes y otros elementos decorativos; Rodrigo Saldarriaga revoloteando por todos lados, con mirada contemplativa; espectadores de todo tipo, el muchacho que indica la entrada con sus clásicos consejos, el llamado de atención sobre cómo hacer la fila y luego la hora de esperar.



La espera se hace larga, no conozco la primera espera que no lo sea y si la conocen haganmelo saber. Cuándo empezamos a ingresar todo el tiempo que estuve ahí impaciente queda de lado, se esfuma y no vuelve más a pasear por mi mente. Un ingreso lento, apropiado para observar el candelabro de araña que hay allí, la misma disposición de siempre y un olor a cigarro estancado. Mi teoría es que el origen de dicho aroma proviene de tantos bohemios que tal vez han transitado por ahí.



Me senté a la derecha, un lugar que era en relación al escenario lo suficientemente cerca, lo suficientemente lejos. La sala se demoró un poco en llenarse y estaba poseída por el bullicio de los asistentes, bullicio lleno de expectativas y suposiciones. Lo que más me impactó al llegar y ver el espacio,cosa que aún recuerdo con bastante vividez, fueron los colores de la escenografía. Increíblemente simple como las cosas del teatro chiquito.



Negro, blanco y rojo se fundían en una combinación para mí impresionante, una línea roja violentando de manera vertical y tajante el palacio blanco. Blanco como las túnicas, frontera entre las miradas y las almas de espectadores y actores . Blanco también como sus maquillajes.



Esos actores seguramente también me extrañaban. Al principio, lo reconozco, como buena divagadora que soy me puse a reconocer a quien había visto en tal y tal obra. Edipo en esta, yocasta en aquella. Las mismas caras de siempre desdoblándose en el escenario con cada papel. El mismo elenco que encarna personajes tan diferentes como los de Mòliere,los de Saint-Exupéry y los de Sófocles.



Ahora bien, ¿Cuáles son mis impresiones?¿Qué fue lo que sentí? Les confieso que a Edipo me lo imagine diferente, más joven, más fuerte. Pero no por ello me defraud. Fue un buen Edipo, a pesar de tener el destino más infame. En momentos tuvo una actuación vigorosa, en momentos una actuación plana y trivial. Además acompañado de la música en vivo que daba el ritmo de la obra y enriquecía el guión. Cada redoble que agitó mi corazón, me conmocionó e incluso me asustó. Una flauta dulce mística y celestial, evocando el destino irremediable. Un coro recitando los presagios en contra de Edipo con un tono misterioso, oscuro y fatal. Fue inevitable pensar en las canciones del principito, alegres y llenas de ensueño. ¡Qué abismal diferencia respecto a las sollozos y lamentos de los Tebanos!




Lo que no creo olvidar de Edipo rey en el teatro chiquito son las luces y las tinieblas. Andando toda una vida entrecruzándolas pocas veces había sentido que podían calar tanto en mí. Luces cálidas y frías al mismo tiempo, mostrando la dualidad de la vida y de la cruel fortuna. Las tinieblas que contagian devastación y amargura. Todo confabula para que al final compartamos de manera rotunda la ceguera de Edipo, aquel quien con sus ojos no veía y sin ellos pudo ver claramente. Esa es la magia del teatro,de la vida y en cada experiencia me convenzo más de ello. Hay que aprender a mirar con otros miles de ojos.


jueves, 9 de mayo de 2013