martes, 12 de febrero de 2013

Los funerales de Colombia la grande



Sin embargo, frente a la opresión, el saqueo y el abandono, nuestra respuesta es la vida. Ni los diluvios ni las pestes, ni las hambrunas ni los cataclismos, ni siquiera las guerras eternas a través de los siglos y los siglos han conseguido reducir la ventaja tenaz de la vida sobre la muerte.”
Gabriel García Márquez, 1982



Si la muerte no tiene cabida en un lugar , tal vez la historia se estanque o se repita, según sea el caso.  Si nacen y mueren las naciones ¿Donde las enterraremos? ¿Hay acaso un cementerio de pueblos, un lugar para difuntas culturas, un universo fantasmal de reinos y tradiciones marchitas? No hay evidencia de la existencia de un cielo, infierno o purgatorio de civilizaciones. Habrá que esperar que cuando alguna cercana muera, venga y nos cuente. ¿Quién será la próxima, luego de Macondo? Tal vez sea Aracataca o Magdalena. Depronto Colombia o Latinoamerica.
Hay un gitano que predice lo que va a suceder, un Melquíades funesto con mil ojos desorbitados,  con dos cabezas y con  muchas bocas que escupen la información y los presagios  que son de  su  entera conveniencia.  42.888.594 habitantes escuchan sus predicciones, observan sus maquiavélicos inventos, se transforman en lo que él les dice, aceptan lo que se les ordena, creen las mentiras que les mencionan y son indiferentes a lo que pasa fuera de esa falsa vida.  Hace más de 40 años  hay una escritura que puso la realidad a contraluz y, a diferencia de la versión de aquel gitano,  reveló que  el transcurrir de nuestro tiempo parece cíclico.  O probablemente no marcha, está quieto en el mismo lugar donde lo dejamos guardado hace algunos años.

Hay un país agobiado y enfermo donde dicha escritura, el libro en sí, son  hojas y premios que exhalan orgullo patrio, instrumento tejedor de ese imaginario colectivo que se denomina nación. Paradójicamente ese territorio de exuberantes paisajes tiene, hablando de todo un poco, una tasa de analfabetismo del 6,7% .Y saliendo abruptamente del tema esto representa 1'672.000 habitantes del lugar.

Hay un silogismo : si A igual a B y B igual a C, A igual a C. Representan su identidad con un libro que la gran mayoría tal vez no ha leído,  podrán saber que Macondo ha muerto, pero  esta en duda si saben  sobre una tal familia Buendía.  La política estatal,  dictada por personajes con un carácter similar al de  Don Apolinar Moscote tiene como lema que: “La educación de calidad es un propósito nacional, la educación de calidad es el camino para la prosperidad” (Ministerio de educación nacional de Colombia, 2011). Todo lo que la versión oficial e institucional dice sobre la realidad tiene tintes de fantasía. Es puro  realismo mágico.


Hay un continente dormido que sufre una identificación masiva con el libro,  otra especie de ídolo literario que exaltar en esta tierra de todos y de nadie.  El país y el continente  se regodean con un premio nobel de literatura que algún ser cualquiera ha ganado.  El primero absorbe en su idiosincrasia flores y trenes amarillos para demostrarse o engañarse que saben de que trata, que lo han leído y que lo comprenden. El hábito de la lectura es escaso en ese pueblo agobiado y enfermo, por ello es curioso que la gente tenga referencia del libro y su autor  como elementos de identidad nacional, cuando pocos lo conocen a él, y a su crítica sobre la  mezquina sociedad que desplaza los textos a un viejo anaquel en la librería del sabio catalán. Produce satisfacción pertenecer a algo más grande y uniforme. La escritura y su mito  de casi medio siglo brinda  esa emoción, a costa de que se haya convertido en su tierra, el texto conocido,  más desconocido .  


Hay una historia, donde las posiciones tradicionales se contravierten. El amor  no difiere del odio. Ambos están situados en lugares semejantes con límites difusos. No señores, lo más diferente al amor es la soledad. No lo digo yo, ni un tal García Márquez, lo confirma una estirpe enteramente condena. ¿Quién niega que podría ser nuestro linaje? ¿Quién se atreve a rechazar la Colombia de la soledad, la Colombia Agobiada y enferma? ¿Cuál es el motivo para renegar nuestra historia llena de pestes de olvido y de muertos arrojados al mar?. Macondo es muy grande.  Y Colombia la grande está condenada a seguir sus pasos en este tiempo cíclico o estático.

Hay una mujer. Hay un país. Es Colombia la Grande. Una dama con muchos rostros. Una dama  con muchos labios.Una dama con muchos ojos. Pero todos los ojos de Colombia, tienen un brillo triste. Y esa tristeza ya es tan vieja, que Colombia se ha acostumbrado. Pareciera que a Colombia, la bella ya no le importa nada. Y pensar que la joven muchacha, lleva ya a cuestas sus 200 años. Años de penuria, Colombia no ha crecido como debiera. ¡Ay que Colombia!, es de cuestionarse si las sonrisas de sus bocas son sinceras.

Inquietante es  pensar que tal vez no es así. Intranquiliza saber que esta muchacha realmente tiene un corazón de piedra caliza, o de minas de sal. Y que siempre engaña cuando sonríe, hace confiar en que todo irá mejor. Colombia es grande en espíritu, pero chica en muchos otros aspectos. Vamos aprendiendo, que de nada sirve forzarla para que cambie, su mirada está perdida, y ella, está confundida.

Hay una demora. Se esperó hasta muy tarde para actuar y reflexionar sobre los pecados cometidos. Los errores abundaban y la espiral de las acciones continuaba a pesar de las advertencias. ¿Seguirán con las mismas prácticas?¿Seguirán dejando a otros repetir el sendero del fracaso? Dejando que el tiempo estancado o repetido esté en poder de los mismos que siempre  toman las decisiones, de los mismos que controlan al pueblo y de los que creen poseer el mundo. Si no se resuelve un problema de raíz, seguirá contribuyendo al tiempo cíclico y estático.

El tiempo de la demora produjo fantasmas. Esta vez no se trata de un fundador  de pueblo atado a un castaño. Son los fantasmas de un pasado tortuoso y tristemente célebre. Las apariciones de los muertos, los desaparecidos, los torturados, los decapitados, los azules, los rojos, los sindicalistas, los periodistas, los campesinos, los indígenas; que vuelven a morir una y otra vez, en un país agobiado y enfermo , que hace para deshacer. El delirio de nuestra riqueza natural ha perpetuado esa especie de malestar, donde por causa de las relaciones de los poderosos y ricos, los de abajo  se matan y se pelean por las migajas de la mesa mientras los de afuera se llevan la riqueza. Les vendieron el país a pedacitos.

Pero, un momento. ¿No es acaso una historia mil veces contada?. Hace  siglos estábamos bajo el régimen de una nación distante que se llevaba lo mejor de Colombia la grande. El tiempo cíclico y estático demuestra que damos vueltas una y otra vez. Cuestiona sobre el verdadero sentido de la independencia. Siguiendo el razonamiento,  algún día se volverá  a vivir una lucha por  recuperar a Colombia la grande. Cuando los relojes se ajusten y principalmente las mentes se despierten.  


Cuando se deje a un lado la impunidad de las masacres y los crímenes de estado, cuando los trenes y los barcos sean una producción nacional y sinónimo de progreso para el pueblo de estas tierras, cuando tener el poder no sea sinónimo de abuso de la fuerza. Cuando en Colombia la grande tener un sindicato no sea un peligro o hacer una protesta un suicidio.  Que los sembrados de banano, café , flores o cualquier otro cultivo, no sean dominados por poderes oscuros, por extranjeros y multinacionales.  De igual manera la cultura debe ser nuestra, no ninguna mixtura de imposiciones estadounidenses que desplazan los significados de nuestras tradiciones.  El liberalismo  cultural extremo , a la usanza de Smith,  va a acabar con colombias la grande.



“El que no conoce su historia está condenado a repetirla”. Colombia es hermosa y bella por fuera, pero eso no curara el cáncer que tiene. El cáncer que la mata, el verdadero causante de sus  guerras y hambrunas, el responsable de su mirada perdida y  su ignorancia. Tiene un cáncer muy grande y está muy adentro. Colombia, la grande se desangra ,se muere ante la mirada cómplice de políticos y generales , doblegada y resignada a esa  muerte lenta, y dolorosa . Se revuelca entre miseria y violencia, dando  a luz a corruptos e hipócritas. No quiero que de algunos labios, que también son los de ella, se formule la fatal pregunta. La que produce pavor y desconsuelo. La que deja un futuro sin esperanzas: ¿QUIÉN MATÓ A COLOMBIA?

Si la muerte no tiene cabida en un lugar , tal vez la historia se estanque o se repita, según sea el caso.  Si nacen y mueren las naciones ¿Donde las enterraremos? ¿Hay acaso un cementerio de pueblos, un lugar para difuntas culturas, un universo fantasmal de reinos y tradiciones marchitas? No hay evidencia de la existencia de un cielo, infierno o purgatorio de civilizaciones. Habrá que esperar que cuando alguna cercana muera, venga y nos cuente. ¿Quién será la próxima, luego de Macondo? Tal vez sea Aracataca o Magdalena. Depronto Colombia o Latinoamerica.


Bibliografía

García Márquez, G. (1967) Cien años de soledad. Bogotá, Colombia. Editorial Norma.

García Márquez, G. (1982)La soledad de América Latina. Discurso de aceptación del Premio Nobel . Estocolmo, Suecia. Diciembre 8.

Ministerio de Educación Nacional de Colombia.(2011) Programa nacional de alfabetización y educación básica y media para jóvenes y adultos. Encuentro Nacional de Secretarios de Educación. Bogotá, Colombia. Marzo 9.

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