miércoles, 22 de agosto de 2012

El juicio de Meursault


Meursault será juzgado, no por sus acciones sino por su actitud. Al ser categorizado como “inhumano”, insensible y extremadamente racional, la  medida con la que sus actos son puestos en cuestión no se interesará por las razones, sino por las emociones. Será juzgado por sus sentimientos.  En el centro aparece su juicio por asesinato  donde la razón a juzgar se transpone y resulta siendo condenado, y señalado, por su actitud  calmada y pasiva en el velorio de su madre, por no expresar lo que convencionalmente debería hacer, no jugar el rol de hijo acongojado y por  romper con el acuerdo social silenciosamente establecido. Meursault será llevado a la guillotina, no por matar a una persona, sino por tener una vida que no  es vida,  que es más bien la existencia de un autómata .

La condición de este personaje no es la de un villano o la de un héroe. Es simplemente un límite entre ambos, un ser práctico y racional. Para él hubiera sido sencillo engañar a quienes lo acusaron respecto a sus carencia de emociones, pero la realidad era otra y no tendría un sentido práctico mentir sobre lo que no se siente, sobre lo que no se piensa  y sobre lo que no se es. Es curioso que resalte el elemento de ser auténtico y original, ya que en nuestra sociedad actual buscamos un elemento de distinción y diferenciación a toda costa,  y en una graciosa paradoja eso nos lleva a perder toda posibilidad de ser únicos. En la ilusión de la diferenciación convivimos todos, pero estamos unificados por el lenguaje capitalista, por la coexistencia en la sociedad de masas y por el pensamiento institucionalizado.




Meursault es tan solo un extranjero de esas costumbres sociales, de ese teatro socialmente impuesto. Como dice Erving Goffman en su libro La presentación de la persona en la vida cotidiana: Es también muy importante que comprendamos que en realidad no conducimos  nuestras vidas, tomamos nuestras decisiones y alcanzamos nuestras metas en la vida diaria en forma estadística o científica. Vivimos por inferencia” (1959, p 3).Todas las interacciones sociales son una actuación, un determinado papel representado frente a una audiencia. Quién no esté en dicho contexto, quién no maneje su código y su  rol  será excluido. No solo porque no esta dentro de la norma, también por su carácter impredecible que no permite una predicción de su comportamiento en el juego social.  Meursault será juzgado por no querer actuar un papel convencional.


Hay una gran atención que recae sobre el comportamiento del protagonista por parte de los personajes-satélites, en gran parte por lo anteriormente expuesto y también porque no se puede establecer la identidad de esta persona. ¿Cuál es pues la identidad de este extranjero?¿ Es único entre sus conciudadanos  o es como todos los demás?. Utilizar adjetivos con este personaje sería reducirlo o parcializarlo, pero simplemente podemos afirmar que él es él, conserva su identidad y naturaleza a pesar de la influencia del entorno. Meursault será juzgado porque la presión social no logra inquietarlo o modificar sus hábitos y costumbres.

  
De este modo sentimos que la aterradora verdad que encierra nos inquieta, no es tan sencillo reconocer  que el “monstruo” encierra la virtud. Aunque nos impresione la superación de un paradigma está presente en ese gris y aburrido hombre. No hay razón argumentada  de los actos, no hay una conciencia de sí , la vida no está pensada ni estructurada, es tan sólo una serie de circunstancias que el azar encadenó. Relacionémoslo de la siguiente manera: Cuando se le pregunta porqué mató al árabe en la playa y porqué decidió pegarle tres tiros después de que se hallaba muerto, él responde que fue a causa del sol y el calor. No siente arrepentimiento de la muerte, no porque esté orgulloso de haberlo hecho, simplemente porque no se siente arrepentido de nada en su vida. No había sentido tal necesidad, y no tendría porque sentirla en ese momento. Meursault será juzgado por no sentir compasión o culpa, por hacer todo con frialdad poco convencional.

Camus delata la personalidad de este hombre mediante su narración: Las muestras de sensibilidad o sentimentalismos no le son necesarias, no espera nada de la vida o de la muerte, no tiene afán por ser diferente o vivir de otra manera (cuando se le presenta la posibilidad de cambiar su rutina  e ir a trabajar  en Parí)s, no tiene un deber-ser  que marque su vida. No precisa de variar su modo de actuar en sus interacciones,  no finge compasión con Salamano o simpatía con Raymond, no le agradan ni le desagradan. Los cambios y la circunstancias le son indiferentes, y como su jefe lo expresa no tiene ambiciones frente a su vida. Otro aspecto que muestra su condición es el amor que  María siente hacia él, que no la quiere pero tampoco la odia. Si ha de casarse con ella no importa, es una circunstancia que ni le suma ni le resta a su existencia. Tal vez le será más sencillo satisfacer sus instintos.  En el juicio se siente como en casa, confiesa al abogado que ha perdido la capacidad de reflexionar, pareciera que actuar en su defensa le aburre pero el simplemente adopta una actitud de decir la verdad sin importar sus consecuencias, sin mirar las repercusiones.


Aunque sabe que ha perdido su libertad lo único que parece  importarle después de adaptarse al lugar es entretenerse para pasar el tiempo. Al final no teme la muerte, solo a lo inesperado que será el alba de su último día, a la duda constante de saber si ese día morirá o no. Su escena con el capellán nos lo demuestra (la discusión religiosa que se llevó a cabo en su celda y su disputa con el religioso).Su final nos comprueba su total indiferencia ante el mundo, y vaticina el inicio de un terreno donde muchos más tendrán esa actitud .  Meursault será juzgado por ser él mismo, de principio a fin.


De qué sirve tener una fé en la regeneración de un hombre al que no le interesa una vida más allá de la muerte, ¿para que? si las acciones están hechas. Y ante tanta racionalidad la actitud de Meursault se resumiria como paradójicamente en “Dios mío, en tus manos encomiendo mi espíritu”.  Remplazemos Dios mío por destino, el fato, la predestinación. Y espíritu por vida. por el tiempo de vida, poco o mucho, o tal vez vida denota algo muy trascendental. Utilicemos más correctamente el término existencia. Desde lo fenomenológico hablamos de la existencia humana concreta, donde la esencias no existen y se es consciente del plano de finitud al que nos enfrentamos.  Rara vez toma una  decisión, simplemente espera lo que pueda pasar, lo que  el camino le depare. Meursault será juzgado por su existencia.


Este hombre  que será juzgado es extremadamente equilibrado en sus acciones.  Si nuestra vida se midiera de una forma matemática, en la línea numérica tal vez  Meursault apunta al cero.   Que curioso, el medio, el centro, el punto, lo que unifica, lo imparcial. Me remite a un principio sumamente importante dentro de la filosofía occidental, una sentencia Aristotélica que es a su vez una constante  realidad: "La virtud es una disposición voluntaria adquirida, que consiste en un término medio entre dos extremos malos, el uno por exceso y el otro por defecto.". Realmente lo que el estilo de vida del protagonista expresa es esto, no es algo malo su inexpresividad, tampoco algo bueno . Meursault será juzgado por estar en el punto medio, por no tener una pasión o un carácter.


No es necesario engañarnos pensando que todos somos libres, iguales y fraternos. Lo importante es saber que estamos atrapados entre los mecanismos sociales y que estos regulan toda nuestra vida . Al aceptar esa realidad no nos queda más que fluir en la vida, resignarnos y dejarnos llevar. Es pretencioso pensarlo de esta manera, pero de cierta forma Camus refleja una extraña especie de superhombre. De este concepto de Nietzsche, podemos poner el Meursault la capacidad de producir su propio sistema de valores con el cual se rige, es el individuo que surge luego de la muerte de Dios y  que puede ser fiel a la vida, a lo terrenal, al plano de la acción. No existirá para él lo universal, Ni se someterá a la “moral del rebaño” ni a los valores tradicionales ya que todo esto es invención humana y social. Sabe que la vida es finita  y que no posee nada transcendental. Meursault será juzgado por ser la superación de sus conciudadanos, de su sociedad, de su cultura.


El juicio se lleva a cabo sin mayores miramientos. Juzgo a Meursault  por ser un profeta. Pero es a todas luces un juicio injusto, el profeta es su artífice, su creador. El protagonista es un testaferro del destino.He esgrimido mis argumentos a lo largo de este escrito y tal vez se queden cortos para denunciar esta situación. Este nuevo momento histórico, esta fractura temporal, el momento del vacío, el limbo en el que nos deja.

Meursault es el profeta que predice la caída de la modernidad como paradigma,  de todo el sistema de valores de un par de siglos atrás. Al darse cuenta de que los rimbombantes adjetivos con los que se denominaba la modernidad han dejado de ser ciertos para ser unas palabras reencauchadas, este hombre empieza a crear su propio sistema. No lo conforma con un criterio moral que le apunta al cómo debería comportarse. Ciertamente no le  importa porque los pilares de la tierra están temblando, el final de la modernidad se avecina para dar paso a un sistema que busque, al fin,  ser coherente consigo mismo. A ciencia cierta no sabemos el porvenir, pero tampoco sabemos muy bien el presente. Si Meursault pudo escapar a la doble faceta moderna, fue para morir. La verdad que nos muestra tal vez justifique cargar con su muerte en nuestras conciencias, pero son cavilaciones muy inadecuadas para este momento de transición. Es hora de que el profeta muera.

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