jueves, 9 de agosto de 2012

De la ficción a la realidad: El naufragio de Metrópolis.

Comentario del ensayo El naufragio de Metrópolis del escritor  William Ospina.


 Imagen tomada de la película Metrópolis del director Fritz Lang.


La ciudad y la urbe fueron erigidas como espacios que daban cuenta del progreso y del desarrollo, al menos eso era lo que se pensaba. ¿Cómo llegamos al estado caótico de esta mole gris y deshumanizada?,¿Cómo la construcción humana pasó a ser el más inhumano de los artificios? Estas cuestiones que tocan al mundo globalizado son tratadas por el escritor colombiano William Ospina en su ensayo El naufragio de Metrópolis. Allí en un panorama general describe el drama que vive la sociedad contemporánea y en especial el hombre, al considerar su orgullo razón válida para autoproclamarse rey del mundo; destruyendo todo lo que amenace su soberbio pensamiento y acabando incluso con sí mismo.

Se puede decir que se empezó a notar la decadencia del ser humano con las consecuencia traídas por la revolución industrial. La máquina empezó a remplazar al hombre, y este último se convirtió en un engranaje más del sistema social.  El progreso que en el siglo de las luces y en el renacimiento se medía por la razón, será medido en el siglo XIX por  el capital. En este sentido el hombre es una herramienta, es un objeto. Prueba de ello es la ciudad, fiel espejo de las condiciones de miseria y desamparo; aquellas que en el pasado reflejaban  la belleza y  el esplendor de sociedades que se esforzaban por alcanzar la verdadera sabiduría.

¿Acaso no ha existido siempre en las poblaciones  el mal, la enfermedad, la ruina y la inmundicia? si, si lo han hecho. Pero desde los últimos siglos la prepotencia de la humanidad, expresada en sus gigantes metrópolis, demuestra la pérdida del espíritu  y   la esencia del hombre. La fe que la humanidad se tenía a sí misma ha sido opacada por sus mismas acciones. La sombra de los rascacielos ha llegado al corazón del sujeto, para alienarlo a merced de un sistema capitalista y  consumista, que con la premisa del progreso, de la abundancia y la riqueza ha transformado los campos verdes en un gris panorama.

 Imagen tomada de la película Metrópolis del director Fritz Lang.

Metrópolis ha naufragado porque habitaba en el sinsentido. Su sentimiento de superioridad ha logrado que entre los ciudadanos exista una fuerte indiferencia y desasosiego. Las personas existen, sí; más no viven con pasión, con conciencia, con interés. Están encerrados en una urna de cristal, creyéndose libres, mientras la frívola ciudad lo encierra. Aprisionado no de forma física, sino de manera mental. Los habitantes de la ciudad han despojado del mundo todo los sagrado. El hombre pasó a creer en el dios dinero y en el dios poder. Como dijo Nietzsche: “dios ha muerto”. Dándole paso al imperio del hombre, reinando sobre las ciudades y creyendo que posee el dominio de cuanto su mirada logra abarcar. El hombre ni siquiera se posee a sí mismo.

Muchas voces predicen el derrumbe de las urbes. Tal parece que la ficción pasa lentamente al plano de la realidad. Ya no somos la cúspide de la pirámide, nunca lo fuimos. No somos los reyes del mundo. No somos los dueños de la naturaleza. Tal vez podemos girar el rumbo, tal vez no. Todo depende si hay un poco más de tiempo para que no se le haga tarde al hombre.

6 comentarios:

  1. abuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuurrido

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  2. Esta muy bien resumido

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  3. Muy buen resumen gracias :D

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