miércoles, 25 de julio de 2012

Sombras de la violencia


Son un nuevo elemento paisajístico que adorna los semáforos y andenes de las ciudades de nuestro país. Antes eran sombras fugaces que merodeaban por plazas y parque públicos, y se rumora en una antigua leyenda que alguna vez fueron personas de carne y hueso. Habitaban, según esta historia, por los campos de Colombia. Se dice que los carteles con suplicas por cualquier moneda no eran una extensión de sus brazos, que eran ciudadanos comunes con ganas de trabajar, que a pesar de las dificultades cultivaban su terruño sin molestar a nadie más. ¿Será que es tan solo un cuento de viejas chismosas y ancianos desmemoriados?


El desplazamiento forzado es una realidad que vivimos, que nos toca y traspasa. Nuestra existencia en la ciudad solo nos permite ver esbozos del drama que viven aquellos, a quienes la violencia y la ineptitud estatal, obligaron a marcharse de sus hogares a buscar mejor fortuna en las urbes. Según cifras del gobierno nacional el 74% de los municipios del país en el 2001 presentaban problemas de desplazamiento. Además en número de desplazados en Colombia rondaría entre 1’079.080 y 2’914.854. (RSS,2002) Son muchos personajes para esta historia de terror, este relato de nunca acabar.


Estos datos nos acercan a comprender la gravedad del problema, que no es un asunto desligado de los demás fenómenos políticos y sociales que hay en esta nación de narraciones extraordinarias. Es importante e establecer que los orígenes se remiten a la época de la violencia bipartidista, donde las confrontaciones y peleas se daban principalmente entre la población rural. Ante las persecuciones y las amenazas, familias enteras se veían obligadas a huir a las zonas urbanas. Si la condición de pobreza ya se venía dando, los índices se verían aumentados por este éxodo masivo (hasta bíblico salió el relato). Y a pesar de los ríos de sangre, de las masacres habituales, de la inseguridad y los crímenes; las políticas estatales se enfocaron en ignorar la situación o en mitigar torpemente el problemita que se convertiría en problemón con tintes novelescos.


No se podría afirmar que únicamente el conflicto armado sea el responsable de las aberrantes situaciones de desplazamiento rural en esta fabulosa patria. Ya que muchas veces las familias se ven llevadas a esta decisión por el descuido estatal en el que están sumidos y por la falta de oportunidades para
subsistir decentemente. Aunque nuestros campesinos tienen todos sus bienes en sus fincas y ranchos deben abandonarlos por la falta garantías para tener una vida digna, para que sus productos tengan el precio justo, para existir en un entorno que les brinde seguridad y para que ellos puedan acceder a la educación.


Darío Fajardo afirma que la postergación de soluciones a los problemas de Colombia respecto a la violencia en el campo conlleva a que “la tierra ha perdido importancia como factor productivo; que el acceso a la tierra no genera poder económico ni político, y que por lo tanto los esfuerzos encaminados a su redistribución son una inversión inútil que no lograría sino crear “pobres dotados de tierra”.”(2001). Los paños de agua tibia no le darán un final feliz a esta historia de sombras, soluciones parciales implican disminución parcial de los problemas. El desenlace de la leyenda variará de acuerdo a la resolución del pueblo. Los dirigentes llevan largo (larguísimo) tiempo dándole vueltas al asunto, cuando es responsabilidad de ellos y no de los ciudadanos cambiar las situaciones para que el retorno al campo de los desplazados sea posible, para que a nuestro campo se le de todo el valor que se merece, para que la leyenda de las sombras que algún día fueron personas se convierta en nuestra realidad
.
El país que surgía de aquella catástrofe no era sin embargo el mismo. Millones de campesinos expulsados por la Violencia llegaban a las ciudades buscando escapar al terror y a la ruina. Lo que Gaitán había procurado impedir se cumplía ante la indiferencia de los poderosos y la frialdad de los eruditos. Había cambiado el cuadro de la propiedad sobre la tierra, los terratenientes habían pescado en río revuelto, se habían invertido los índices de población urbana y de población campesina, las ciudades crecían inconteniblemente, Colombia tenía muchos menos propietarios que antes, y un oscuro porvenir de miseria y de desempleo se cernía sobre las nuevas muchedumbres urbanas
(Ospina, 1997, p.30)



BIBLIOGRAFÍA

Fajardo, D (2001) La tierra y el poder político; la reforma agraria y la reforma rural en Colombia. Seminario permanente sobre problemas agrarios y rurales. Diciembre de 2001, Bogotá. Disponible en línea: http://www.corfeinco.com.co/PDF/Tierra_poder.pdf


Ospina, W (1997) ¿Dónde está la franja amarilla? Bogotá, Colombia: Editorial Norma.


RSS (2002). Informe al Congreso de la República. Presidencia de la República
Enero 2001- Febrero 2002. Marzo 15 de 2002.

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