lunes, 24 de enero de 2011

El hombre invisible

Conocí hace meses a un hombre totalmente invisible. Lo sorprendente es, por supuesto, que yo pudiera verle
Como es bien sabido, los hombres invisibles son ciegos y esta no era la excepción. ¿Cómo llego a observarle una simple mortal?

Esta es la anécdota de un viaje irreflexivo por una calle de mi ciudad.

Baje del metro en la estación estadio, baje sus muchos peldaños, por que desde la taquilla son muchos mas de los que hay en suramericana.
Caminé viendo las artesanías, curioseando las gafas y los aretes.Viendo el carrito de cholao valluno que siempre esta en la misma esquina. Mirando los plasmas y LCD de la acera derecha de la 70. Hay bares de todo y desde las 5.30 ya empiezan a calentar motores. El que mas logra cantar mi atención es uno donde ponen salsa de la vieja. Hay otro bar en el que el televisor siempre esta en ESPN, si yo pudiera me sentaría a ver un partidito, de esos de la calcio o de la champions que son los buenos. Después se acaba la zona artesanal. Esta la clínica odontología a la cual fui 2 años y 6 meses. Ese día había un niño jugando en la baranda, que es nueva por que renovaron la fachada con la adecuación de la calle. Llegue a San Juan y me disponía a cruzar justo en la esquina de la gasolinera.


Ahí esta ese gran despliegue, el sendero de los invidentes, con el cajoncito de "oprima y pase" pegado al semáforo.
No pude menos que pensar en ese momento :" Para un ciego debe ser muy difícil pasar acá, Yo tendría que ayudarlo". No había entre las personas que caminaban un invidente.
Pase y justo en el paradero de buses de el éxito de la 70, la vida se preparaba a darme una gran lección.
De un bus de Laureles descendía el hombre invisible. Nadie, excepto yo, lo vio mientras sacaba su bastón improvisado con un tubo de pvc entre las fauces metálicas de la puerta.
El tiempo se congeló. No se si los hombres invisibles o la vida puede hacer cosas como esa. Si alguien lo sabe debería decírmelo.
Con cada estocada que el le daba al aire con su bastón, me iba quebrando ideas, prejuicios y sentimientos. Por que el tiempo siguió y yo, que segundos antes había pensado en la amable y bondadosa idea de entrega y ayuda al próximo, seguí caminando. Sin ayudarlo a bajar del bus y a montarse a la acera.


Claro, pensé hacerlo, pero no lo hice, El único hombre invisible que he visto y no lo ayude. Y yo era la persona que lo veía.
Lo mejor de saber que le mundo es una porquería, es cuando tu mismo puedes meterte en esa categoría y aceptarlo. Y luego, cuando sepas eso, cámbialo.
Mi mente intento disculparse y sacar pretextos, pero se que mi hombre invisible no se merece lindos pensamientos, merece acciones. Merece ser visible.
Por eso, aunque finjamos no verlos, ellos están ahí. Discapacitados, indigentes, desplazados.
Son invisibles ante muchos ojos.
Mi hombre invisible permanece casi siempre en en semáforo de la estación estadio con la 70. Sentado o paseando entre los carros, pidiendo monedas para subsistir. Esta viejo y no importando el sol abrasador, allí se quedará. Le doy monedas para calmar mi conciencia, y lo subo a la cera por que me da miedo que lo atropellen. Aunque seguramente el debe conocer el lugar.
Prometo que algún día haré algo realmente útil por él. Como no se que hace con el dinero es mejor que un día de estos le lleve un pancito de la esquina, o una coca cola bien fria. El pobre hombre invisible se me va a morir es de flaco.


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