miércoles, 20 de octubre de 2010

E.P Espacio público




Les voy a contar dos historias. Lo más probable es que usted haya visto situaciones similares cuando va por la calle, mirando los productos que le ofrecen, las chucherías, las curiosidades, lo necesario, lo innecesario.
La primera transcurre en el centro de nuestra ciudad, por el parque de Bolívar. Iba caminando ente el tumulto, cuando paso corriendo un señor con un montón de bultos encima gritando a cada lado, "hay vienen la suegra", mientras los demás vendedores recogían sus mercancías y también se escondían rápidamente.






La segunda ocurrió el sábado pasado. Mi mama buscaba unas gafas y unas manillas para su amigo secreto, en unicentro todo era muy caro y yo le propuse que tal vez en la 70 encontraríamos vendedores ambulantes, por la parte que es mas cercana a la estación. Cuando llegamos, el vendedor de manillas parecía asustado, nos contó que espacio publico había pasado muy poco antes. Que había montado de nuevo las manillas, pero que tenia que estar pendiente.
Cuando llegamos con el vendedor de las gafas, compramos unas (después de pedir la respectiva rebaja, por supuesto) el señor no tenia cambio, y además no podía abandonar el puesto, donde llegara servicio público le decomisaría toda la mercancía.
Los vendedores de los lados tampoco tenia cambio, así que mientras el de las gafas se comprometía a cuidar las cosas del señor de la derecha, y a mirar a la izquierda, el otro iba a cambiar el billete.
El señor de las gafas nos contó que tenia tres hijos, que hace 2 días le volvieron a entregar la mercancía, que había pasado 15 días decomisada y que algunos minutos antes de que llegáramos, los de espacio publico pasaron, y le hicieron gestos de que lo tenían en la mira, que de nuevo querían llevarse su mercancía. Cuando nos fuimos, el señor acordó con su compañero de al lado, estar pendiente uno a la izquierda, y otro a la derecha, mientras preguntaban a otro de los vendedores si se sabia algo de los de espacio público. La respuesta fue "nada, solo sabemos si subieron, pero pilas que uno no sabe"
Al final fuimos a mirar con un artesano más manillas y mientras regateábamos, el vendedor del frente le dijo "Ojala les haya dado por allá arriba una diarrea bien hijueputa"



Y si, tal vez usted no haya escuchado vendedores que desean daños estomacales a los de servicio publico, pero es probable que usted haya visto situaciones similares cuando va por la calle, mirando los productos que le ofrecen, las chucherías, las curiosidades, lo necesario, lo innecesario.



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